Para empezar, cogemos cuatro gelatinas de colores de marca día, estáááááán muuuuuuuuuuuuuy ricas (mentira -.-) , Las nuestras caducaban el 10 de enero (no sabemos de qué año, su peculiar sabor quizás tenía algo que ver con eso).
En una fuente donde previamente tendría que haber cheetos (los nuestros eran pandilla, pero valen otros), echamos el contenido de los cuatro envases, no importa el orden. Con dos cuchariras pequeñas (o una grande, pero nos adaptamos a lo que había) mezclamos bien los cuatro colores de modo que quede un precioso naranja (no es naranja, es un color más feo, pero el photoshop hace milagros). Debemos probar el postre (se puede comer a la merienda perfectamente) varias veces para asegurarnos de que tiene un buen sabor, en caso contrario seguir probando hasta que seamos inmunes a ese extraño sabor.
Una parte de la mezcla la apartamos para poner en plásticos plateados, a modo de bonitos y sabrosos bombones (Queda espachurrado y blandengue, en realidad).
La presentación también es importante. Echamos la deliciosa (mentira de nuevo) mezcla en una copa. Añadimos dos hielos, exprimimos una mitad de limón por encima, con la otra mitad se obtienen dos rodajas, que se colocan a modo de decoración. Para culminar nuestra receta es necesario poner una hoja de menta, en caso de no tener, haced como nosotras y poned perejil.
¡Suerte!



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